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jueves, 28 de octubre de 2010

EL OJO QUE CONTROLA LOS APODOS DE LOS DEPORTISTAS

El objetivo de esta nota es mostrarle al lector de Bautismo Sagrado, que el origen de los sobrenombres está controlado por una fuerza, que observa y aprueba cada apodo que se le ponga a algún deportista.
Esa energía es representada por los medios de comunicación, que usan a los periodistas deportivos como nexo entre ellos y el público.  La función de los trabajadores de prensa es aprobar el seudónimo con que se denomina a cada profesional del deporte.  Ellos se sirven de la escritura y la manipulación de las noticias, que suceden en su ámbito laboral para expresar su poder. De esta manera concretan la bajada de línea de su medio de comunicación.
En pos de brindarle información a los seguidores de este Blog, El Apodológico relacionara y reforzara la afirmación que:” hay un ojo que controla el apodo de los deportistas” con el libro de George Orwell 1984.
 En esta novela, el Gran Hermano, que era el líder del partido dominante se encargaba de manipular a partir de muchas Telepantallas y micrófonos cada pensamiento o acción de los ciudadanos de Londres.
Los datos históricos en 1984 al igual que los apodos son modificados a gusto y placer de los medios de comunicación.
Un ejemplo que da cuenta de este control esta manifestado en cada publicación de un diario deportivo.
Esto es evidente  cuando se puede leer: “Con tres goles del Burrito Martínez y dos goles del Tanque Silva Vélez venció a Colon por 5 a 1” Estos dos sobrenombres están consensuados en los diferentes aparatos comunicativos de la prensa argentina.
En el libro 1984, donde Oceanía es una pais y Londres es su ciudad principal  por orden del Gran Hermano se puede modificar y/o  corregir  datos históricos. De esta manera un hecho que no sucedió se transforma en un acontecimiento que paso realmente.
 Por lo tanto, los lectores tendrán que tomar ese apodo que ven o escuchan en los medios de comunicación como una verdad absoluta y no podrán cambiarlo.
Si alguna persona quisiera tener la potestad de poner un sobrenombre a un deportista deberá pasar por el ojo controlador de los medios de comunicación, que a través de sus periodistas aprobaran si aceptan ese apodo.
Estas últimas líneas según El Apodológico se contradicen a sí mismas si se las compara con el libro de George Orwell, porque en su novela es el partido liderado por el Gran Hermano, quien tiene la verdad absoluta y no el ciudadano.
No obstante, esa afirmación de que un amigo de algún deportista puede apodarlo tiene similitud con el libro 1984,  porque en el mundo que inventó Orwell la contradicción está muy presente. Esta se manifiesta en la novela con la palabra del lenguaje de la neolengua (idioma inventado en 1984) Doble pensar. Esto significa que para una idea puede haber dos opciones contradictorias.
Un ejemplo de ello son los distintos ministerios que existen en Londres. Por ejemplo, el ministerio de la verdad, donde trabaja el protagonista de esta historia Winston Smith como si fuese un diario  se encarga de inventar hechos históricos en beneficio del partido dominante el INGSOC y del Gran Hermano.
Por lo tanto será contradictorio que un ministerio de la verdad se ocupe de mentirle a la población al manipular los hechos que suceden en la vida real.
En líneas generales se ha confirmado que hay un ojo que controla los apodos de los deportistas y que esa situación no va a cambiar al igual que la permanencia en el poder del Gran Hermano de 1984:  los sobrenombres están nominados.

domingo, 24 de octubre de 2010

LA FALSEDAD DE APODAR QUE SE TRANFORMA EN UN HECHO REAL

Cada persona que nace en una sociedad conformada por otros seres humanos, tiene un nombre que se lo ponen sus padres y hereda un apellido de ellos. Esta característica hace a su autenticidad dado que la identifica con respecto a otra.
Sin embargo, también existe una manera de llamar a un individuo que es falsa y modifica los datos históricos de un individuo. Esa forma de denominar a alguien se conoce como apodo.
El Apodológico llegó a esta afirmación, a partir de que el sobrenombre que se le pone a cada persona es inventado. Esto se explica por el principio básico de que el lenguaje en sí mismo es creado por una sociedad.
Por lo tanto todas las palabras están comprendidas en el diccionario de la RAE (Real Academia Española). Allí, se modifican a gusto y placer de los intelectuales que integran la clase dominante de este mundo globalizado, cuyas comunicaciones están interconectadas a la largo del globo terráqueo, permitiendo que una noticia en cualquier parte del mundo circule y se difunda en todos los países.
Se considera como un dato falso al apodo de una persona cuando sus amigos, compañeros de trabajo, familiares le inventan el sobrenombre por un motivo o rasgo que creen descubrir en el individuo, que es sometido a un sobrenombre, con la condición de que el mismo es falso. Esto es así, porque esa característica llamativa que provoca  ponerle el apodo a alguien en realidad no existe como tal.
Entonces  se está ante una teoría del espejo, donde el que pone un sobrenombre se ve reflejado en el otro y por esa razón le pone un apodo para identificarlo.
Otro aspecto falso en el seudónimo de un individuo trae como consecuencia la ausencia de personalidad de un individuo, porque al ser denominado con un apodo pierde su verdadero nombre y apellido. Por ende, sus amigos, familiares y/o conocidos lo llamaran como lo han apodado.
Por estos motivos, El Apodológico considera falso a apodar a una persona.
Sin embargo, esta característica intrínseca de los sobrenombres se puede transformar en un hecho verdadero cuando el grupo o sociedad, a un nivel macro de relaciones cree que el apodo es real.
Esta última afirmación hace que la acción de poner un sobrenombre sea un aspecto positivo en relaciones sociales que se dan en el mundo.
Pd: Toda contradicción que encuentre en esta nota con respecto a la de “Análisis de la identidad que el apodo le otorga a una persona” puede ser interpretada como las dos caras de una misma moneda.